Reflexión
Lenguaje de señas
Le tapé la boca y no para que no gritara más, sino porque el sonido de su voz me destrozaba los oídos. Y la vi expirar en la fresca mañana, cuando aún las sombras de los abedules no dejaban su marca, cuando el crepitar de mis ojos se fijaron en sus ojos, cuando el liberador y triste momento opacaba su luz y su sed de miseria, dejaba de nublarme el alma.
Me despojé de su lengua, de su mortal ponzoña. Y no pude menos que reír de alegría al comprender que ya no me provocaría daño alguno. La clausuré ética, moral y literalmente. Y fui feliz.
Por un segundo absurdo la pensé viva, destilando su veneno, desparramando innecesaria blasfemia, destrozando, aniquilando integridades y volví a donde yacía su cuerpo y sin culpa, la observé, como para asegurarme de su muerte, como para corroborar que su destino corría sin retorno, muy separado del mío.
Es cruel pensar que el mismo vientre haya podido albergar seres tan diferentes. Mismas vivencias, marcan cosas tan distintas, el mismo aroma a pan sabe desigual para cada alma.
Cruzando el portal de tu vida, sin retorno ya y el alivio, de saberte en la distancia; doy el último adiós a tu ausente presencia porque a tal punto siento la distancia, que ya ni me acuerdo del olvido.